En un pequeño calabozo hombre austriaco mantuvo a su hija por 24 años.



El Financiero en línea

Un día después de conocerse el escalofriante caso de incesto y encierro durante 24 años en la ciudad austríaca de Amstetten, las autoridades locales dieron hoy el caso por esclarecido, con la confesión del acusado, Josef Fritzl, un ingeniero jubilado de 73 años.

Las autoridades informaron de que el ingeniero confesó haber encerrado en un calabozo subterráneo a su hija Elisabeth, que hoy tiene 42 años, de haberla golpeado y violado sistemáticamente y de ser el padre de siete hijos nacidos de esa relación.

El responsable de la seguridad pública de Baja Austria, Franz Prucher, aseguró que con la confesión "este caso está resuelto" y agregó que se trata de uno de los más graves en la historia criminal de la república alpina, "que supera todo lo conocido hasta ahora".

El acusado esta previsto que sea trasladado hoy mismo a la Fiscalía de Sankt Pölten, capital del Estado federado de Baja Austria, donde será puesto a disposición de un juez de lo Penal.

Según la confesión del acusado, uno de los bebés, que murió en 1996 poco después de nacer, fue quemado por Fritzl en la caldera de de calefacción de la casa, dijo hoy ante la prensa Franz Polzer, jefe de la policía del estado federado de Baja Austria.


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